26 ene. 2007

VIOLENCIA EN LAS AULAS, por Pablo Moyano Llamas

VIOLENCIA EN LAS AULAS, por Pablo Moyano Llamas

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Alarma social? Hasta cierto punto sí. La violencia en las aulas es hoy tema de conversación, casi a diario, en los colegios, en las casas, en los bares y hasta en los mercados. Y lo viene siendo con más intensidad y preocupación cada día. En el corto espacio de un mes, Zaragoza, Alicante, Cádiz, Almendralejo, Montilla... han sido noticia por culpa de agresiones a profesores por parte de alumnos de Enseñanza Secundaria. Y no solo a los profesores. También entre los mismos alumnos, como esa chica a la cual le partieron dos huesos de una pierna dos o tres compañeras del mismo instituto. Esos han sido los casos más sonados que han saltado a los medios de comunicación. Pero no son los únicos, ni mucho menos. Estoy en contacto todos los días con maestros y profesores amigos de nuestra comarca y no escribo de memoria. Todos se quejan de un clima que se hace insostenible a juicio de padres, profesores e incluso de los alumnos más sensatos, que son muchísimos. Que un alumno tumbe de un puñetazo en la espalda a un profesor de un centro que no era el suyo --caso de Zaragoza-- o que en Montilla un crío de quince años tire un estuche y rompa las gafas al profesor que estaba en la pizarra son dos signos inequívocos de que algo está fallando muy seriamente en nuestro sistema educativo. Si a eso se añade el fracaso escolar, que nos tiene a la cola de Europa, urge cuanto antes una reflexión muy honda y muy serena por parte de todos. No vale ya mirar para otro lado, o decir que esos son casos muy aislados y muy minoritarios carentes de importancia. La tienen y creo que mucha. No vale tirar balones fuera.

¿Quién tiene la culpa? No vale señalar por derecho a un estamento concreto, y solo uno. No vale decir --creo yo-- que los culpables son los padres. O que son los profesores que van a cumplir el expediente. Todos somos un poco o mucho culpables. Todos sin excepción alguna. Los padres ante todo y sobre todo. Los padres son los primeros a quienes corresponde la educación de sus hijos. O educa la familia o no hay educación posible. Muchos padres han hecho dejación de ese deber sagrado, dejando en manos del colegio y de los profesores toda la tarea. Y el colegio se estrella a la primeras de cambio.

Luego está la calle. Y está la televisión ante la cual los alumnos pasan unas cuantas horas. La televisión vomita violencia, casi sin descanso. Y los críos se beben cientos de escenas violentas sin que los padres los controlen. Violencia en gestos y hasta en las palabras de nuestros representantes que se ponen como guiñapos. Y en las aulas se ha perdido la autoridad en gran medida: no se puede ni castigar, ni casi reñir. Se te echan encima o te dicen: "Como me toques te enteras, tío". Y ya sabemos: quien siembra vientos recoge tempestades. Nos duele y nos extrañamos de este clima de violencia, a veces extrema. Pienso que no debería extrañarnos en absoluto. Lo que sí deberíamos es coger el toro por los cuernos y entre todos hincarle el diente para poner remedio. Porque creo que lo tiene. Debe tenerlo. Ahora que se renuevan los consejos escolares y se quieren potenciar las APAS me parece una estupenda ocasión para tomar medidas. La primera devolver a los profesores toda la autoridad que merecen y que considero esencial. La segunda --o más bien primera-- conciencias a los padres. La tercera mantener la disciplina en los centros y en la casa. No se pueden consentir todos los caprichitos. La cuarta despojar la televisión de tanta violencia y tanta palabra estúpida. La última no escatimar las sanciones cuando se merecen un castigo ejemplar en proporción a la metedura de pata. No pasar página porque sí. Educar es formar hombres y mujeres responsables. Más importantes que la misma enseñanza de conocimientos. De lo contrario estaremos creando lobos y no personas. He ahí la urgente tarea de esta hora.

* Sacerdote

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