14 feb. 2007

Guia de Intervención para integradores y animadores (XII) Autodireccion y autocontrol (I)

Los ciclos que na la historia de los niños/as y jóvenes describen sus dimiensiones psicologias permiten en mayor o menor grado que tengan cierto control sobre su vida y la puedan dirigir hacia determinadas metas. Cuando educamos y ayudamos deseamos que quienes reciben nuestra ayuda logren autorregulación y autocontrol.

Pero estas habilidades no son el fruto de una mágica fuerza de voluntad. Son el resultado de un proceso en el que los integradores, animadores y educadores sociales pueden intervenir.

Para poder influir en el curso de su vida, corregirla y cambiarla, es necesario que los niños/as y jóvenes presten ateción y perciban su propio comportamiento. Su propia personalidad.

Normalmente este proceso es selectivo. Atienden a ciertos aspectos de sus acciones, pensamientos y emociones e ignoran otros como irrelevantes. De esta percepción selectiva obtienen información para guiar sus próximos pasos y evaluar los cambios producidos en su comportamiento. Dependiendo del escenario en el que esten actuando, pensando, sintiendo, vigilarán y observarán con preferencia unas u otras características del propio comportamiento: calidad, cantidad, originalidad, ajuste y habilidad social, ajuste o desviación de normas... etc.

El grado de cambio que promueve la autoobservación depende de sí lo que observan son los éxitos o los fracasos. La tarea de ayuda puede influir en la dirección de las auopercepciones de los niños/as y adolescentes.

La comunicación es un escenario en el que se facilitan o dificultan las autoobservaciones.

La autoobservación de los exitos aumenta el comportamiento deseado,, mientras que la autoobservación de los fracasos produce cambios y disminuyen los logros de ejecución. La autovigilancia de los defectos en demasia se acmpaña de una autodevaluación de los propios logros, una disminución de la autorrecompensa, y de ansiedad, la cual puede debilitar las acciones anteriores.

En el comportamiento de autoobservación influyen, por supuesto, otros factores que están presentes en la situación y que tambienén atraen la atención.

La imagen que tienen de si mismos determina también a que aspectos de su comportamiento les prestan mayor atención. Influyen asi mismo las emociones y sentimientos. Si se encuentran indefensos o desesperanzados es probable que perciban más negativamente sus acciones.

Si tienen un estado de ánimo positivo, pericibirán a su vez su conducta y el entorno de un modo más favorable.

Por su parte estas percepciones positivas y negativas repercuten a su vez en el estado emocional. Atender a los propios logros resulta estimulante y observar los fracasos repetidos es desalentador.

También influyen en el comportamiento de autoobservación el comportamiendo de los adultos que somos significativos para ellos (padres, profesores, animadores e integradores que interralacionamos a diario con ellos...) La habilidad que tengan estos adultos para destacar o enfatizar los logros puede facilitar autoobservaciones positivas. En cambio, enfatizar siempre o subrayar en demasia los fracasos contribuye a promover en los niños/as y adolescentes autoobservaciones negativas.

En la medida en que la relación de ayuda promueve emociones y sentimienos, en esa medida positiva o negativamente los procesos de autoobservación de los niños/as y adolescentes.

Las habilidades de autoobservación permiten además que identificar elementos del escenario actuán como instigadores del propio comportamiento.

Los/as niños/as y jóvenes no solo observan y perciben su propio comportamiento, también piensan y opinan acerca de el. Lo juzgan a través del lenguaje interior. Se dicen cosas a sí mismos acerca de su comportamiento.

Estos juicios de valor los emiten de acuerdo con determinados criterios de evaluación y de comparación que han ido incorporando y siguen incorporando a lo largo de su historia personal, y a partir de distintos procesos de influencia social.

Los criterios con los que se autoevaluan pueden ser más o menos estrictos o laxos. Entre los niños y niñas y jóvenes existen bastantes diferencias respecto a lo que consideran digno de elogio o reprobación.

En la práctica de la autoevaluación habrá quienes siguen criterios muy estrictos y otros se valuán con muy positivamente por acciones o pensamientos mediocres.

Una de las fuentes de criterios para la autoevaluación son las reacciones que personas significativas para el niño/a o joven manifiestan hacia su comportamiento.

Autoevaluan el propio comportamiento de forma aprobatoria o autocensurante según sean aprobatorias o de censura las evaluaciones de los demás. Los criterios de autoevaluación se adquieren también por enseñanza directa trasmitida por agentes sociales con influencia (educadores, integradores, animadores) o por sus iguales.

Otra fuente de adquisición de criterios de autoevaluación es la observación de modelos sociales que se autoevaluán. Se adoptan criterios de evaluación utilizados por otros sobre todo en aquellos casos en los que se carece de experiencia personal en el caso concreto. Se regulan los propios esfuerzos y se juzga lo adecuado o inadecuado de las propias acciones utlizando criterios que otros utilizan.

Cuando, sin embargo, se proponen a los niños/as y jóvenes criterios de autoevaluación muy exígentes que ellos no están en codiciones de satisfacer puede dar lugar a sentimientos de decepción y autocensura.

Cuando en los escenarios habituales no existen presiones para que se imiten acuaciones y criterios elevados, es probable que los niños/as y adolescentes prefieran modelos cuyos criterios de comportamiento no resulten excesivamente exigentes para la propia capacidad.

Los/as niños/as y jóvenes en sus autoevaluaciones adoptan con facilidad criterios manifestados por modelos menos hábiles que ellos que se muestran satisfechos con actuaciones mediocres, o por modelos moderadamente competentes cuyos criterios están dentro de su alcanze

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