2 abr. 2007

Conclusiones Granada 2007 ENCUENTRO DE Animadores Socioculturales y Profesionales del 3er Sector (II)

PUNTO DE PARTIDA PARA EL DEBATE SOBRE LA
PRECARIEDAD Y LA PRIVATIZACIÓN DEL SECTOR SOCIAL
¿Qué entendemos por precariedad?


A partir de la reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1984, aparecen nuevos tipos de relaciones entre las personas y sus trabajos, son los contratos a tiempo parcial, los contratos de formación y los contratos de duración determinada.

Con la reforma de 1994 se abre la puerta a una nueva forma de especulación que aumenta la precariedad laboral, son las ETT's, empresas destinadas a lucrarse con el trabajo ajeno, exento de condiciones laborales dignas.

En estos casi veinte años, la precariedad que se podía preveer con aquellos nuevos contratos ha sido superada por la realidad, y es que últimamente la realidad supera cualquier predicción que el más agorero pueda hacer. Los lazos sociales que establecieron nuestros padres y madres en los sesenta, vinculados a un entorno laboral estable en grandes centros de producción como la Seat y entorno a los que giraban la vida social del barrio, quedan tan lejos que cuesta recordarlos.

En estos casi veinte años de postfordismo no sólo se ha creado un nuevo método de organización y gestión del trabajo basado en la inestabilidad laboral sino que además se han creado las relaciones sociales y las nuevas necesidades que han provocado la implantación de esta inestabilidad como algo natural. Por un lado, la precariedad laboral es la normalidad en la relación con el trabajo, casi todos los contratos son a tiempo parcial o a través de ETT's; además, las retribuciones económicas no se ajustan a las necesidades reales. Pero, ¿cuáles son las necesidades?

Este es otro de los grandes cambios que se han producido durante estos casi veinte años. Nuestra sociedad ha sufrido una gran transformación. La economía basada en las grandes industrias ha dejado paso a una economía basada en el sector servicios, y hoy en día la mayoría de la gente trabaja para ofrecer a su vecindario algo que consumir. Gran parte de la producción viene de lejos, de países en los que la explotación laboral es mayor.

Esto no sólo ha modificado las relaciones de la gente con el trabajo, sino también con el entorno. Las ciudades se han transformado para acoger esta nueva sociedad del consumo, los espacios públicos destinados a las nuevas relaciones sociales son espacios comerciales, desde calles peatonales llenas de comercios a grandes centros comerciales en los que, aparte de todo tipo de tiendas, se pueden encontrar bares, restaurantes, cines y toda la oferta pseudocultural del consumo para que tu vida gire alrededor de tu centro comercial más cercano. Las remodelaciones urbanísticas van en este sentido y ayuntamientos se enorgullecen de la transformación. Los ayuntamientos han dejado durante estos casi veinte años elterreno libre a la especulación inmobiliaria, la transformación de las ciudades ha sido rápida y fácilmente visible. A simple vista todo esta más limpio, es más “bonito”, pero la realidad esconde que se ha creado una ciudad en la que consumes o eres excluido y por tanto marginado. Para sentirse incluido en la sociedad hay que tener la posibilidad de acceder a más y más cosas. Por otro lado necesidades básicas como son la vivienda se ha convertido, gracias a la especulación, en un lujo impensable. La precariedad ha ocupado a más y más gente ya que una familia no puede subsistir de un único sueldo. “Es un orgullo social que las mujeres también haya entrado a formar parte del mercado laboral. Es un gran avance en la igualdad”, comentaría el político de turno. La pena es que se olvida de comentar que es un gran avance en la precariedad y en la explotación de la mujer.

Por su parte, en este periodo, la mayoría de los sindicatos no han sabido transformarse para hacer frente a las nuevas situaciones de precariedad provocadas por la sociedad del consumo, quedándose relegados a realizar funciones de gestión para los cada vez más grandes cuerpos de funcionarios de las múltiples administraciones y empresas en las que aún se mantienen gran numero de empleos estables, “representa lo más retrógrado de la nueva estructura social y el sector menos susceptible de la renovación contra la explotación. Viven satisfechos en su posición funcional, con niveles aceptables de consumo (acceso a los principales símbolos y formas de prestigio) y ajenos a la realidad de las condiciones laborales de la nueva miseria”

Esta situación de precariedad laboral generalizada establece una cultura general del miedo. El miedo a perder el puesto de trabajo, el miedo a no poder pagar la hipoteca, el miedo a no poder pagar el recibo de la luz, el teléfono, el agua, el coche, el.... El miedo a sentirse excluido en la sociedad de consumo, ha provocado que la precariedad se extienda desde los ámbitos de la relación con el trabajo, al resto de ámbitos de nuestras vidas. En menos de veinte años de precariedad laboral, un espacio de tiempo muy corto cuando hablamos de periodos de evolución histórica, se ha transformado en precariedad social. Una precariedad social en la que todas las formas de opresión y control que históricamente el capitalismo había utilizado como formas de relación entre las personas y sus trabajos, hoy se encuentran representadas en todos los ámbitos de la vida. Una precariedad social construida desde los grandes centros de poder, a base de entrelazar unas cuantas verdades a medias, convertirla en una gran mentira y arrojarla desde los medios de comunicación como una verdad absoluta gracias a la cual es más fácil marcar a los excluidos.

Ante esta situación de precariedad social cualquier tipo de respuesta individual tiende a ser invisibilizada, reprimida o excluida, por ello la colectividad, la comunidad como espacio común de respuesta es el reto que tenemos por delante. "La sociedad es algo que se escurre, se escurre financieramente, ideológicamente, existen puntos de escape por todas partes". Por eso, las formas colectivas de oposición a la precariedad social pueden ser tan diversas y ricas que pueden convertirse en incontrolables.

En definitiva, cualquier experiencia colectiva que nos hagan escapar de la cultura del miedo, para abrir nuevos espacios propios en los que la precariedad social no sea la regla de relación social establecida. Un éxodo que no significa huir, sino establecer un conflicto "para defender relaciones sociales y formas de vida nuevas, a partir de las cuales ya se esta construyendo experiencia". "Se trata de inventar nuevos gestos que en su repetir abran nuevos mundos en los que habitar"

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