12 nov. 2010

¿Esto es un fallo educativo? El menor la hace y los padres la pagan


El menor la hace y los padres la pagan





Las dos fiscales de Navarra especializadas en menores comprueban a diario cómo los adultos deben pagar por los daños de sus hijos: por ejemplo, romper retrovisores, difundir en Internet fotos humillantes de un compañero o hacer pintadas.


O era el primer encontronazo. Las dos chicas, de 14 años, ya habían discutido antes de la pelea en la que se enzarzaron este febrero en Pamplona, en la plaza de Azuelo. Además, una había amenazado a la otra en Internet, a través de Tuenti. Pero la disputa en la calle sobrepasó las palabras y llegó a la agresión física: una propinó a la otra un rodillazo en la cara que le produjo un traumatismo facial y le deformó la nariz.

El asunto acabó finalmente en los tribunales y la acusada ha sido condenada a pagar 3.410 euros por las heridas que produjo y las secuelas que le han quedado a la víctima. Pero ese dinero no saldrá de su bolsillo. Curiosamente, en esta situación ni siquiera del de sus padres. Va a abonarlo el Gobierno de Navarra porque la agresora residía en un centro de menores cuando se vio envuelta en la trifulca.
Este caso muestra la aplicación concreta de la ley cuando se trata de personas que no han cumplido los 18 años. Esto es, los menores cometen los delitos pero son sus familias (o quienes tengan la custodia) quienes deben responder económicamente por los perjuicios que éstos hayan causado.
En Navarra las dos fiscales especializadas en menores comprueban a diario cómo los adultos deben pagar por los daños de sus hijos: por retrovisores rotos, por difundir en Internet fotos vejatorias de un compañero de clase o por haber hecho pintadas.
"Los hijos la hacen y los padres la pagan. Y muchos, padres y menores, llegan aquí creyendo que no se les puede hacer nada, que son impunes", sostiene la fiscal Elena Sarasate, que añade: "Además de que todo menor de 14 a 18 años tiene una responsabilidad, el abono de las indemnizaciones recaerá en sus padres si él no puede".
Los casos de este tipo son numerosos. El 8 de septiembre de 2009 agentes de la Policía Foral atrapaban a un menor que robaba cobre en unas obras en Cordovilla. Sus padres tuvieron que pagar una cantidad considerable para reparar los daños que su hijo había causado arrancando el cobre: 3.238 euros. En este total se incluía incluso la reparación de la puerta que había forzado para acceder.
Si varios menores cometen un delito, la indemnización a la víctima la pagarán entre todos. Esto significa que cuando se condena a dos menores a abonar 1.000 euros no se requiere a cada uno 500, sino que se abonen los 1.000. Lo ideal sería que los dos se pusieran de acuerdo y cada uno pagara la mitad. Pero no siempre ocurre así: también se dan casos en los que no todos los responsables tienen dinero y abona el que dispone en ese momento. "Se trata de asegurar que la víctima cobre la cantidad fijada", explica la fiscal. "Luego ya se reclamarán entre los implicados".
Las fiscales detectan cómo los padres que son llamados para responder por los menores están francamente disgustados. "Realmente sufren las consecuencias de lo que ha hecho su hijo: reciben una llamada de la policía, tienen que ir a comisaría, después aquí, a lo mejor deben pasar por un juicio.", cuenta la fiscal. A partir de la situación creada, algunos adultos intentan que finalmente el chico se vea afectado por lo que ha hecho. "Son los que, para hacer frente al pago de las indemnizaciones, dejan de darle la paga semanal, o le obligan a realizar tareas para la casa".
Disculpas "cara a cara"
La fiscal añade que "son pocos los progenitores a los que lo único que les duele es la cartera". Y eso que hay sanciones realmente altas, como la de un menor de edad que en junio de 2009 apuñaló a una persona en el cuello en San Adrián. "Se le condenó a pasar cuatro años internado en un centro y a pagar 28.000 euros por los días que la víctima necesitó para recuperarse y por las secuelas".
A Fiscalía no están llegando muchos incidentes por mal uso del teléfono móvil o de Internet. No obstante, en los casos que se investigan se está detectando un hecho llamativo: el menor que, por ejemplo, difunde por Internet fotografías humillantes de un compañero de clase "no concibe que sobrepasa la broma y que entra en un terreno que puede ser delictivo: insultos, amenazas, delitos contra la imagen y el honor, contra la intimidad".
La fiscal ilustra esta conclusión con el caso de un joven de 16 años que el curso pasado creó dos blog para escribir sobre sus profesores de Pamplona. "Allí les insultaba, calumniaba y descalificaba". Los afectados lo denunciaron y la Policía Municipal dio con el alumno, que reconoció que los textos eran suyos. Cuando el asunto llegó al juzgado, se siguió el trámite que se intenta con todos los menores que delinquen: antes de iniciar un proceso que acabe en juicio, se propone a las partes la conciliación, que implica que el menor se disculpe y que la persona agredida lo acepte.
"Suelen ser muy pocos los casos en los que la víctima no quiere ese perdón o donde el autor no reconoce los hechos que se le imputan". La conciliación resulta altamente eficaz cuando se trata de la primera detención, pero no es tan aceptada por los reincidentes. No obstante, si la víctima pide indemnización, el menor delincuente tiene que hacer frente a ella, incluso en el proceso de conciliación.
Disculparse "cara a cara" también fue la fórmula que se empleó para solucionar un incidente entre un chico y una chica de la Barranca de 14 y 15 años: él colgó en Internet una foto manipulada de su compañera, "lo que dio lugar a comentarios irónicos entre el resto de alumnos".
Un equipo técnico de Fiscalía trabaja con los menores que delinquen. Lo forman una psicóloga, dos trabajadoras sociales y un educador. "Se trata de que los agresores se pongan en el lugar de la víctima y comprendan su desasosiego, un dolor que crece si se trata de imágenes difundidas por teléfono móvil o Internet: se está haciendo aún más público". La fiscal explica que hay menores convencidos de que con estas tecnologías pueden permanecer en el anonimato. "Y esa es una falsa creencia, ya que siempre se les puede localizar e identificar". Todo ordenador deja en Internet un rastro informático que identifica a la computadora y es detectado por la policía.
Móviles e Internet
De ese tópico también es testigo la Policía Municipal de Pamplona cuando acude a colegios e institutos para informar a los alumnos sobre los delitos que pueden estar cometiendo con el teléfono o el ordenador.
"Preguntan qué puede pasarles si ocultan el número de su móvil y llaman a alguien. No pasa nada mientras el contenido no sea amenaza, insulto, calumnia o se llame con insistencia sólo para molestar". El agente informa a los menores de que, con una autorización judicial, las compañías telefónicas facilitan los datos del dueño del móvil, "de forma que, por mucho que quiera seguir siendo anónimo, se le puede identificar".
Los menores también desconocen que cometen una ilegalidad cuando graban situaciones como peleas o vejaciones a la víctima. Y si además esas imágenes las difunden por Internet, están cometiendo un segundo delito por hacerlas públicas.

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