7 feb. 2012

Un ejemplo de lucha y superiación "Quiero estudiar, no quiero sentirme más tiempo como una escultura en la clase" Las necesidades de profesionales de la Integración social

"Quiero estudiar, no quiero sentirme más tiempo 
como una escultura en la clase"

Nacho Portilla es sordo, se comunica con el lenguaje de signos, pero la Consejería le niega un intérprete
'Quiero estudiar, no quiero sentirme más tiempo como una escultura en la clase'
Este estudiante que acaba de terminar la ESO y mantiene una batalla administrativa y legal para conseguir el reconocimiento, de lo que dice, es su derecho. «Reivindico y lucho por mi derecho a estudiar. No quiero sentirme en la clase como una estatua de piedra. Mis compañeros avanzan y yo me quedo rezagado. Reclamo mi derecho a la igualdad. No me permiten integrarme. Me están llevando a la exclusión social».

Quien hace esta reivindicación, alto y claro, y a través del movimiento de sus manos, es un joven de 20 años, cuyo idioma es el del lenguaje de los signos, porque es sordo. Intelectualmente se ha hecho a sí mismo y sabe muy bien cuales son sus derechos, pero dice que se los niegan. ¿Qué pide? que la Consejería de Educación le proporcione un intérprete para poder seguir correctamente sus estudios y llegar a ser maestro de niños sordos el día de mañana.

Cuando el 90% de los alumnos que abandonan los estudios de la ESO son absentistas y repetidores, según un estudio publicado el año pasado por la Fundación la Caixa, dirigido por el catedrático de la Universidad de Salamanca, Mariano Fernández, este joven cántabro lucha en todos los frentes posibles para poder seguir estudiando.

«Mi lenguaje es oficial»

Nacho Portilla precisa, nada más comenzar la conversación, ayudado por una intérprete, que «yo soy sordo, no mudo, porque tengo mi lenguaje, que es el de los signos, y que está reconocido en España, oficialmente, desde el año 2007».

No conoció esta forma de hablar hasta el año 1996, «sólo me habían enseñado la lectura labial», a leer los labios, lo que -dice- limitaba su comunicación: «Me costaba mucho leer, y comprender los textos, me resulta muy difícil. También es complicado seguir las explicaciones de los profesores porque no están acostumbrados a hablar pensando que alguien tiene que leerle los labios».
Sus padres siempre trataron que pudiera hablar, por lo que su educación se basó en la formación de comprensión labial, «lo que me llevó a vivir aisladamente. Esto fue así hasta que me fui a Madrid, a un centro especializado en la enseñanza del leguaje de los signos, y el mundo cambió para mi. Hasta entonces vivía sin motivación».

‘Convidado de piedra’

Considera que, actualmente, está en la clase «como un convidado de piedra, como una escultura, un mueble al que cada cierto tiempo le cambian de lugar». Dice que está convencido de que, de seguir así, «entraré en exclusión social» De pequeño estudió apoyado por profesores particulares, mediante la lectura labial, hasta que se integró en la educación reglada, «por eso me ha costado más tiempo que a los demás terminar la ESO, porque me cuesta estudiar y tengo que repetir cursos, pero yo quiero seguir adelante y lo conseguiré como sea».

Nacho ha recibido más suspensos que el resto de sus compañeros de clase en el instituto, «era el único sordo. Tenía que captar todo leyendo los labios lo que sólo me dejaba acceder a un 30% de la información.
He terminado la ESO y lo he hecho con mucho sufrimiento».

Ahora encara el ciclo medio de la FP y quiere que la Consejería le facilite el intérprete que necesita para seguir las clases con normalidad. «Es mi derecho. La ley me ampara», denuncia. Habla de la Ley
27/2007 que reconoce esta lengua y arbitra los medios para que las personas sordas puedan acceder a ella. «En el artículo 19 especifica que las administraciones educativas facilitarán a las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas su utilización en los centros educativos que se determinen».

Para él, encontrarse con la asociación de sordos de Cantabria, fue toparse con un nuevo mundo, en cuanto a forma de comunicarse, mediante el lenguaje de los signos, acceder a formas de ocio, encontrar amigos con las mismas dificultades como él y, sobre todo, conocer los derechos que le asisten y luchar por ellos.
Quiere que la Consejería le ayude a abandonar ese ostracismo al que se ve sometido al estar rodeado en su clase de estudiantes que oyen perfectamente, y en consecuencia, poder estudiar sin ningún problema.

«Tengo una abogada de la Confederación de Personas Sordas, en Madrid, que me está ayudando para conseguir mis derechos, al igual que la Federación en Cantabria, pero la Consejería parece ser que alega que como sé lo que se habla por interpretación labial, me arreglo». Insiste en que su centro de estudios tienen intérprete dos estudiantes en su misma situación.

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