19 nov. 2012

AUTISMO

Publicado por Laura González

Texto: Laura González Barro
Locución: Esther Villanueva Martínez




Vivo encerrado en mi mundo. Tengo miedo a muchas cosas, aunque muchos de esos miedos sé que para otros son miedos tontos e inexplicables.
Imagina que tienes miedo a las arañas, incluso a las más pequeñas. Imagina que estás estudiando cuando aparece una diminuta araña sobre el escritorio y no puedes evitar asustarte y alejarte de allí. Has dejado tu libro sobre la mesa, pero eres incapaz de volver para cogerlo. ¿Cuántas personas te han dicho que es un miedo estúpido?
O imagina que tienes miedo a las alturas, tanto, que eres incapaz de subirte sobre una diminuta caja por miedo a perder el equilibrio y caer ¿qué te diría alguien que se pasa días, semanas, meses y años programando escapadas para escalar las montañas más altas?
Imagina que unimos todos los miedos insignificantes y los ponemos en un sólo ser. Bien, yo soy una de esas personas con miedo a muchas cosas... Ya puedes decirme que son miedos tontos, pero, ¿qué me dices tú de los tuyos? ¿No son igual de tontos si los miras objetivamente? ¿No te obstaculizan, acaso? Y, ¿cuántas veces te han dicho que tu miedo es absurdo y sin embargo no lo has superado? Entonces, pensándolo bien, ¿qué tienen de diferente tus miedos y mis miedos?
La diferencia está en que te llamarán miedica cariñosamente, tú les sonreirás con un poco de vergüenza, y te seguirán aceptando... Pero a mí, me dará tanto miedo y seré tan incapaz de expresarlo, que me mirarán con ojos de miedo, otros, se reirán de mí de forma malsana y me llamarán tonto y probablemente me acaben dejando de lado.
Imagina que el miedo te hiciese incapaz de descifrar los sonidos de tu entorno, ¿te imaginas? Tu querrías silencio para superar ese miedo, pero en vez de eso, unos cuantos te dirían sin parar “cálmate”. Pero tú no escucharías cálmate, tú simplemente escucharías sonidos. Yo entonces me tiro del pelo, o me pego, o me tapo las orejas y grito muy fuerte, porque quiero que todos se callen, pero en vez de eso el cálmate se vuelve más fuerte y constante, y me pego, y gritan más fuerte, y chillo, y así, como una cadena. Pero no estoy loco. Tengo miedo, no tan controlado como el tuyo, pero, ¿eh que cuando te ataca, te late el corazón muy fuerte y te comportas también un poco... raro? Entonces, ¿eh que no soy tan diferente ni tan raro?
Me gusta la tranquilidad y mi rutina, y odio los cambios bruscos porque los estímulos me inquietan: los coches, las motos, los niños con sus mochilas de ruedas, los gritos, el silbato del policía, los pitidos, el timbre, el “goooooooool”, los cohetes, los petardos, los sabores, el tacto, la gente que pasa por tu lado corriendo, lasseñaleselmovilsonandoderepentelagentequehablasinpararysigueysiguey...
Para mí el mundo es así, rápido, sin tiempo a asimilarlo, o sí, pero con poca gente a mi alrededor con la suficiente paciencia para darme tiempo a entender tantos códigos y señales...
Piensas que soy súper extraño porque no suelo mirar a la cara ni a los ojos. Imagina que estás sentado en tu sillón y te ponen una película muda ya empezada. Y tú intentas saber por qué ella está sonriendo, pero no lo sabes porque no viste antes de qué se trataba, o que está llorando, pero tampoco consigues entender el por qué, y al rato, de tanto intentar sin éxito entender sus emociones y encontrar explicaciones, te sientes muy frustrado y apagas el televisor.
Pero imagina que en vez de una película muda, es la radio. Lo entenderías todo y sabrías identificar cada emoción a través de cada pausa entre palabra y palabra.
Pues a mí me cuesta menos escucharte que mirarte. Porque me cuesta saber que sonríes, que lloras, que estás enfadado, que estás triste. Es como cuando tú no entendías esa película muda ya empezada, tan sólo veo a personas haciendo miles de muecas que me desconciertan y me crean desconfianza. ¿Empiezas a entenderme un poquito? ¡Seguro que sí...!

También me miras raro porque no hablo. Te entiendo. “¿Qué estará pensando? ¿Me estará entendiendo? ¿Le habré caído bien? O por el contrario, ¿desearía no volverme a ver?” Supongo que soy como un libro cerrado, y que para ti guardo un montón de secretos.
Pero si de verdad te esfuerzas, si realmente te encuentras con fuerza para parar junto a mí el mundo, si me observas con interés y no con miedo, si te acercas poco a poco y de puntillas sin hacer mucho ruido, descubrirás sonrisas que salen de la nada, verás muchas de mis aficiones que te dejaran con la boca abierta, verás como poco a poco empiezo a entender y a adaptarme aunque más lentamente que tú, que despacito te iré incluyendo en mi mundo molestándome cada vez menos tu presencia y sintiéndome cada vez más a gustito, consiguiendo aumentar cada vez más la autoestima, esa palabra que significa crecer...

Si tú quisieras...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...