4 abr. 2007

Madrid Golpe jerárquico a iglesia de los pobres

Golpe jerárquico a iglesia de los pobres

La parroquia San Carlos Borromeo está en actividad desde hace tres décadas.

En línea con el Vaticano, la Iglesia Católica española confirma el fuerte giro a la derecha al castigar a tres sacerdotes de una parroquia especializada en atender a desposeídos, inmigrantes, drogadictos y otros sectores marginados de la sociedad.

La parroquia San Carlos Borromeo está en actividad desde hace tres décadas en el barrio de Entrevías, en la periferia de Madrid, y está a cargo de Javier Baeza, Pepe Díaz y Enrique de Castro, más conocidos como "los curas pobres".


Los sacerdotes resisten la medida y aseguraron este martes que el próximo domingo celebrarán la misa de Pascuas de Resurrección en su parroquia. Ante el anuncio, el arzobispado de Madrid les advirtió de que serán amonestados o incluso sancionados de manera grave si insisten en su posición.


El arzobispo Antonio Rouco Varela les había comunicado el lunes que el edificio y las instalaciones de la parroquia había sido cedidos a la organización humanitaria católica Cáritas para que realice sus actividades, a la vez de que había expirado la labor de los tres sacerdotes en esa sede.


Entre las causas aducidas para tomar la decisión se consideró que los tres curas dan misa vestidos en ropa de calle, admiten a musulmanes y ateos, y en vez de repartir hostias distribuyen rosquillas (pequeñas galletitas) a los fieles en el sacramento de la Comunión.


Un portavoz del episcopado dijo a IPS que los párrocos no serían excluidos de la misma sino que permanecerían en ella, pero "solamente atendiendo tareas sociales, sin oficiar misa ni ninguna otra acción del culto".


Los sacerdotes respondieron a lo anunciado por el arzobispo reafirmándose en su voluntad de seguir ejerciendo en esa parroquia y de inmediato comenzaron a recibir una multitud de apoyos. Una asamblea de los vecinos resolvió enviar una carta a Rouco Varela pidiéndole que acuda en persona a dar explicaciones sobre su decisión, que no comparten.


También es crítico de la decisión el teólogo Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teoría y Ciencias de la Religión y profesor en universidades de Costa Rica, Perú y Nicaragua.


En declaraciones a IPS, Tamayo calificó la posición del episcopado español de "muy negativo, porque esa parroquia está al servicio de los marginados". Además, la resolución fue adoptada "sin oír el consejo prebisterial", donde están representados los distintos niveles de la arquidiócesis, añadió.


De Castro, al responder sobre las razones atribuidas para su separación de sus tareas humanitarias por parte de la jerarquía, explicó que sólo visten como las personas que llegan a la Parroquia.


"Si nos hemos quitado los hábitos para dar misa es porque la gente nos lo ha pedido", apuntó Tamayo. "La ropa que se use es un tema secundario y no es eso lo que da validez a la misa sino que se observen y pronuncien las palabras consagradas", añadió, pues "la misa hasta se podría oficiar en pantalones cortos si los sacerdotes se atienen a la doctrina de Cristo".


Baeza, por su parte, puntualizó que les produce dolor "sobre todo la prepotencia y altivez con la que actúa el arzobispado. Parece como si Dios llamase todas las mañanas al cardenal para decirle lo que tiene que hacer", dijo con ironía.


Para Tamayo, esta crisis forma parte de una involución en la Iglesia Católica, que con la asunción hace dos años del papa Benedicto XVI se ha incrementado. Un hecho que lo corrobora, adicionó, es la condena al teólogo Jon Sobrino efectuada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera del Santo Oficio de la Inquisición.


Sobrino, nacido en España y radicado desde hace décadas en El Salvador, es considerado uno de los más importantes representantes de la Teología de la Liberación, movimiento al que pertenecen también los tres sacerdotes de la Parroquia de San Carlos Borromeo.


La Teología de la Liberación nació en la iglesia iberoamericana al influjo de la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), los postulados de las pastorales en favor de los pobres y los cambios sociales y políticos que se procesaban en la época, teniendo como gran terreno fértil América Latina.


Los asambleístas de la parroquia madrileña emitieron un comunicado en el que hacen constar que "a Jesús no se le veía reunido en lugares distinguidos, especialmente preparados, donde se les recibiera con pompa y reverencia".


"Improvisaba en cualquier lugar. Había quienes, provenientes de clase o función social relevante, se le acercaban taimaos, dispuestos a examinarle y tenderle una trampa", agrega el texto.


Contra ellos, "Jesús fue implacable en la denuncia de su orgullo e hipocresía, de su afán de figurar y dominar... el pueblo, (al contrario que los denunciados por Jesús) lo escuchaba encantado, hacía correr su nombre de boca en boca", continúa.


En cambio, ahora el episcopado "se considera aparte y por encima de la comunidad y por tanto como autónoma y válida por sí misma".


Los vecinos pidieron a las autoridades eclesiásticas que recapaciten, porque les duele que "ante tanta vida, de tantos años, surgida de tanto amor, generosidad y compromiso nos veamos precisados a sufrir actitudes y acciones tan injustas e impropias de unos hermanos en la fe, cuya misión es promover y asegurar la unidad en la fe, el amor y la esperanza".


Las reacciones contra la decisión del arzobispado son innumerables. El gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se pronunció a través de su concejal en ese municipio, Pedro Zerolo, quien dijo que los agraviados tienen todo su apoyo. En términos similares se expresó la portavoz de Izquierda Unida en el municipio, Inés Sabanés.


Todo el apoyo lo expresaron también los Educadores Sociales, que atienden a toxicómanos en esa zona, así como la organización no gubernamental Madres Contra la Droga.


Carmen Díaz, presidenta de este último grupo humanitario, indicó que el arzobispado critica a los tres sacerdotes acusándolos de no cumplir con la liturgia ni con el catequismo, "pero ellos les cobran 40 euros (47 dólares) a los feligreses por las partidas de bautismo. En esta Parroquia directamente no se cobran", recordó.


Por el contrario, la Parroquia de San Carlos Borromeo, además de cumplir con el ritual católico, atiende a los más necesitados, los aloja, les da comida y ropas, les enseña a leer, los ayuda a encontrar empleo y realiza muchas otras actividades sociales. En estos días se produjeron múltiples testimonios y muestras de apoyo de quienes fueron ayudados.(FIN/2007)


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