8 dic. 2009

APUNTES INTEGRACIÓN SOCIAL, para TISOC HABILIDADES DE AUTONOMIA PERSONAL Y SOCIAL: EL APEGO

Nueva ración de Apuntes y Teoria para Integradores sociales (TISOC) que el blog de la Animación sociocultural e Integración social os acerca. Todo esto es gracias a aportaciones voluntarias de Estudiantes y Titulados/as como vosotros. Esperamos recibir nuevos materiales para completar nuestra formación y podeis enviarnoslo a ascprofesional@hotmail.com

APUNTES INTEGRACIÓN SOCIAL, HABILIDADES DE AUTONOMIA PERSONAL Y SOCIAL: EL APEGO

El Apego es un vínculo afectivo que una persona establece con algunas personas del sistema familiar. Es un lazo emocional que impulsa a buscar la proximidad y el contacto con las personas a las que se apega, llamadas figuras de apego.

La función del apego, si se analizan de una forma objetiva, es favorecer la supervivencia de las crías manteniéndolas próximas y en contacto con los padres. Si se hace de una forma subjetiva, el apego da seguridad emocional, sintiéndose aceptado, protegido y con los recursos emocionales y sociales necesarios para su bienestar.

El apego se manifiesta

Buscando y manteniendo la proximidad

Resistiéndose a la separación y protestando si ésta se consuma.

Usando a la figura de apego como base de seguridad desde la que se explora el mundo físico y social.

Sintiéndose seguro buscando en la figura de apego el bienestar y el apoyo emocional.

El desarrollo del apego desde el nacimiento hasta los seis años se divide en etapas:

1.- Hasta el tercer mes de vida, el bebe no diferencia quienes interactúan con él. Reacciona al estímulo.

2.- Del tercer al quinto mes, prefiere a los que le cuidan, pero no rechaza a desconocidos. Interactúa más y todavía no rechaza cuidados de desconocidos.

3.- En la segunda mitad del primer año, se forma el sistema de relaciones (el apego, miedo a extraños…). Durante este período quiere a sus figuras de apego y rechaza a los desconocidos.

4.- Del primer al sexto año, el niño va conquistando cierto grado de independencia de sus figuras de apego, gracias a sus nuevas capacidades (andar, hablar y pensar). Este proceso conlleva unas ganancias y unas perdidas de privilegios que hacen que el niño tenga deseos de avanzar y retroceder en sus nuevas situaciones.

Durante este período el niño acepta mejor las separaciones breves, el contacto no es tanto y la exploración no necesita de la figura de apego. Sólo en momentos de enfermedad o malestar se manifiestan de una forma más visible las conductas de apego.

Se acepta el sistema de valores y las relaciones sociales paternales sin conflictos. Otras figuras de apego importantes son los abuelos que también ofrecen sus cuidados.

Durante este período puede haber tres grandes problemas que pueden resultar un gran conflicto emocional: Las discusiones o separaciones de los padres, haciéndole creer que la familia es poco consistente. Si va bien la escuela será un sistema protector pero, si va mal será un factor de riesgo. Por último la muerte de algún familiar agudiza la conciencia de ella, nadie estará aquí siempre. Ante estos tres problemas las figuras de apego tienen que dejar clara la naturalidad de la muerte, de las separaciones y ayudarlo el en término escolar.

Los amigos irán sustituyendo en algún grado las funciones que cumplían las figuras de apego.

Al llegar a la adolescencia empieza el proceso de independencia del sistema familiar. Los abuelos han envejecido y ya no interactúan como antes.

Las figuras de apego siguen siendo un gran apoyo a la hora de abrirse a conocer a sus iguales. Dependiendo de cada adolescente la adquisición de autonomía será diferente pero, siempre supone una crisis con los padres que puede ser pacífica o conflictiva. Si el adolescente tiene buenas relaciones con sus compañeros parecerá no necesitar a las figuras de apego e incluso desear la lejanía. Pueden confiar en los padres y necesitarlos, pero a la vez pasar menos tiempo con ellos. Pueden mantener conversaciones fluidas, rechazando según que temas. También tener afectos contradictorios: aceptación y rechazo, orgullo y vergüenza, amor y odio…

Se pueden ampliar el número de figuras de apego y estos compartir alguna función de las figuras de apego originales. Además hay una revisión de las construcciones mentales previas.

En los adultos el apego es difícil de describir porque cada persona tiene al largo de su vida una gran variedad de estados y situaciones (casados, solteros, divorciados, etc.). También influye la experiencia en la infancia, adolescencia y juventud que es diferente, y además, en cada generación se producen cambios sociales.

En la primera etapa de la vida adulta, en pareja pero sin hijos, las relaciones con el antiguo núcleo familiar se han de reorganizar, pudiendo crearse conflictos con el sistema familiar de la pareja. La pareja, normalmente, pasa a ser la principal figura de apego que cumple con las cuatro funciones propias del apego infantil: deseo de proximidad y contacto, protesta por la separación, base de seguridad y sentimiento de seguridad emocional y bienestar con la presencia del otro.

La diferencia entre el apego infantil y el adulto es que la relación del adulto es más reciproca. En la infancia el adulto da un cuidado incondicional al niño. Los adultos aceptan mejor la distancia, saben que no es una pérdida y además, se tienen más vinculaos afectivos, como los amigos.

En la segunda etapa de la vida adulta, en pareja y con hijos, éste tiene que aceptar la multitud de cambios que los hijos conllevan: aumentan las tareas, los gastos y dificultades que pueden crear conflictos con la pareja. Son figuras de apego de su pareja y de sus hijos. Pueden haber celos padres-hijos por los cuidados que se prestan entre si. Los abuelos juegan un papel importante dada su alta capacidad para relacionarse con los nietos.

Los adultos en torno a la mitad de la vida tienen que afrontar la crisis de la mediana edad, los cuidados o la muerte de los padres y la independencia de los hijos. Al irse los hijos, si la relación en pareja es buena se verá reafirmada por la seguridad de los años de convivencia y se aceptará sin problemas la autonomía de los hijos. Si, por el contrario, las cosas no funcionan bien la pareja puede sufrir grandes problemas.

Con la jubilación se han de volver a organizar. Si se goza de una buena salud se puede disfrutar de más tiempo de ocio y tiempo para la pareja. Si hay una buena relación con la pareja y los hijos se goza con la presencia de ellos, realizando cosas juntos y teniendo la seguridad de que todos están protegidos y recibirán ayuda de los demás. Si los conflictos con la pareja estaban camuflados por las distracciones del día, ahora pueden aflorar produciendo una gran crisis.

Al final de la vida, uno la puede ver con un sentimiento de autorrealización personal o una sensación de haberla desperdiciado. Normalmente uno de los conyugues tendrá que enfrentar estos últimos días con la muerte o la enfermedad del otro. Se pierden los iguales y hermanos y crece un sentimiento de soledad. La soledad emocional es sentida como la falta de vínculos con personas que sabemos que son incondicionales. La soledad social hace referencia a la ausencia de la red de relaciones sociales. Las figuras de apego son muy importantes en este período, las personas se suelen debilitar y volverse dependiente. Tiene más que recibir que dar, los cuidados profesionales son importantes pero aún más el apoyo emocional.

El final de la vida nos coloca en una situación similar a la del recién nacido, el desvalimiento. Se necesita sentir la protección, la seguridad de la presencia disponible y los cuidados incondicionales de una figura de apego, hay una mayor necesidad emocional de todas las personas.

APUNTES, REALIZADOS, COMPENDIADOS y REDACTADOS POR JENY COLABORADORA DE LA RED NACIONAL TASOC y TISOC

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